Quién sabe porqué se le ocurrió decir una verdad en este mundo de mentiras.
Fue como ofrecerles silencio cuando solo querían gritarle.
Fue.

Como si…

Es como si cada vez que escucho tu voz un agujero negro se tragase la mía.

Como si  viviera suspendida en  el suspense de tres puntos suspensivos .

Es como si tu sonrisa fuera un endemismo  de valor incalculable y  estuviera hecha solo para mí.

Es como si  yo fuera un punto  A , tu fueras B  y no hubiera distancia entre nosotros.

Es como si nuestro límite fuera infinito, como si el sujeto  fuera “nosotros” y nuestra formúla un compuesto binario  que me deja sin oxígeno.

Es como si fueramos ángulos complementarios  en todos los cuadrantes.

Es  como si fueramos un diptongo irromplible que luchando contra el mundo, no se separará jamás.

Es como si fuera posible.
Es como si tu también lo notaras.
Es como si todos los días fuera primavera.
Es como si mi primavera, fueras tú.

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Solo una canción más

Y sin querer queriendo acabaré creyendo en las casualidades como algo más. Sospechando del  rotundo portazo con el que quise cerrar esta etapa, tan fuerte que rebotó la puerta e impidió que se cerrara del todo. De  los oficinistas cabreados con alma de músico que confunden el no con el sí y el sí  con el sino y este, era el mio, mi destino.
Destino en un lugar tan inmenso, que no hay sitio para mí. Que no me encuentro, que me buscas, que me pierdo.
Habiendo ya apostado  a cruz  todo lo que mequedaba, lancé dos veces la moneda al aire, y ninguna de ambas tuve  suerte, o no la suerte que esperaba.
Esa insolente cara de la moneda  quería que me quedara,  ¡y maldita sea, lo ha conseguido!
Asi que aquí estoy, otra vez, un poco más cerca de tí y un poco más lejos de mí, y me alegro de que te alegres, muchísimo, pero no de que te acuerdes para olvidarte.
Este es el prólogo de una partida que hace tiempo ya  perdí, me se la jugada. Mismos jugadores, mismos papeles, mismo escenario… Pero no logro recordar como acaba, aunque sé que no gano yo.
Otro año  más sin ningún destino concreto, unos cuantos recuerdos más para olvidar, un poco más de tiempo contigo, y…
Un poco más de música.

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Ceniza

Era raro, mágico, ilógico.
Era un “no lo sé” perdido como respuesta ante millones de preguntas.
Era lo que nadie espera, lo que nadie sabe, lo que todos se preguntan.
Él  era imperfectamente extraordinario,  extraordinariamente único y únicamente él .
Era original, sorprendente  , inigualable.
Y yo sabía… creía, que era él.
Os aseguro que por una milésima de segundo lo fue. Pero como todos los que no son lo suficientemente fuertes para admitir que no son invencibles, se convirtió en monótono polvo gris. Un polvo gris que se deja llevar por el viento, que no piensa, que no vive.
Un polvo gris que responde perfecta y mecánicamente a todos los estímulos del universo.
Un polvo gris, tan tristemente  gris, que olvidó ver colores.
Polvo gris que en realidad, es ceniza.
Ceniza  de lo que él era.
Y ya no es él.

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La carta de la izquierda

Creo que si todos los idiotas del mundo nos juntáramos e hiciéramos recuento, en el valor absoluto de estúpidas   estupideces  me llevaba yo la plama. ¿Qué la palma? Una de palmo y medio, para mi solita. Con ovación.
Y es que a veces de buenos nos volvemos tontos, pero si somos buenos y encima tontos, apocalipsis.
Ya se que dije que no sacaría el tema, pero fué mi decisión y… decido desdecidirla.
Ya se que  solo es un año, que el próximo puedo mudarme a Tuburtú y estudiar allí para ser tortuga o lo que me inspiren las narices, y que en caso de que me rinda (que me podría caer una buena),  no es un año perdido, es un año ganado. Pero es que…. Es que no me gusta, no me veo, no me cuadra. Y es curioso, alguien me dijo que para que algo salga redondo, no todo tiene que cuadrar, pero yo sigo sin verle forma a todo este desastre que he creado yo solita eligiendo uno de tres. Como en ese juego de cartas en el que tú mismo puedes sentenciarte escogiendo una y escogiendo mal, pues igual. Que sí, que todos saben que soy más de poker, que me gusta más porque no hay que elegir, simplemente juego mis cartas  y apuesto por mí, pero este juego es diferente, no puedo plantarme y dejar de apostar ahora  que todo se vuelve un poco gris, no puedo cambiar de cartas cuando me doy cuenta de que no son las que yo quería… Y   no me puedo retirar, hay que terminar la partida, el destino tenía tres cartas y yo he cogido la de la izquierda casi sin mirar, esta vez sin hacer trampas ( porque no se podían hacer). Con la diferencia de que yo, si que sabía que carta era cada una,  pero en realidad, no se lo que esconden al otro lado.
¿Quién sabe?  Puede que me sorprenda… La giraré con cuidado para no asustarme, almenos no más.
Y no se como irá la cosa, pero sí sé, que no és la última partida.

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Un secreto de sal

Hace tiempo que comenzó a picarme la sal, a escocerme la arena. Hace tiempo que ya no corro a atrapar las olas, que no bailamos, que no reimos, que no soy de mar. Que olvidé las caracolas sobre el escritorio, y el escribir sobre las dunas  y olvidé, entre otros, ser yo mi misma.
Pero hoy, finales de mes, a punto de despedirme del más cálido abrazo del sol de agosto, vino una ráfaga de viento a mi ventana. Un suspiro marino, un secreto de sal;  el susurro de una ola.
Y me he acordado de mí.
Me acordé de que jack Sparrow era y  es mi superheroe favorito (sí, he dicho superheroe) y de que aunque no lo aparente,  tambien quise aullarle a la luna en un reflejo incandescente,  quise  ser un lobo de mar y puede que siga queriendo.

De que la sal da ese punto  mágico a las  cosas. Que despierta sabores,  que es la chispa de la vida.
De que la arena es  el  recuerdo de lo que hace tiempo ya fue, y puede volver  a ser si se le da forma.
De que se puede bailar con las olas si se encuentra la melodía, y  de que esta  misma melodía  la oigo en susurros lejanos,  en dulces cánticos de caracola,   cuando en realidad si aprendiera a escuchar, sabría que brota cada vez más y más fuerte, como la espuma de mar.
Y por eso tantas piedras, tantos tarros de arena y agua de mar, tantas conchas, tantas caracolas.
Por eso siempre hay un matiz marino en alguna parte de mi, por eso la música me recuerda al oleaje, por eso el azul.
Porque en el mar  me siento abrazada  y ahora mismo necesito un abrazo.
Porque el corazón que sabe amar sabe a mar.
Porque tengo alma de pirata,  y no de esos que saquean corazones,somos más de requisar, de tomar prestado sin pedir permiso ni permitir pedidos. De improvisar. De mirar miradas, de cantar canciones.
Y hoy,  que llevo a bordo mil recuerdos, lanzo un grito de guerra, un aullido, un canto en caracolas, a todos aquellos enamorados de y en el mar.
A todos aquellos que aunque casi invisible, dejan arena blanca por donde pasan.
A todos los mios, los suyos, los que en realidad no son y no somos de nadie.
Porque la brújula no apunta al norte, pero no buscamos el norte.

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Y…

Y una ventana muerta en la que el viento no sopla.
Y una vela, y una sobra, y un reloj.
Y unas horas perdidas en forma de remordimiento.
Y unas encontradas.
Y unas nuevas, amigas de las otras  dos.
Y una tecla que no suena.
Y una alarma en melodías, y el sol, y la luna, y que pase otro día.
Once quedan, perdiste 42, bueno,  perdimos.
-¿Última carrera?
-No gracias, correr es de cobardes.
Y me rendí, aunque intenté disimularlo tapando por encima  con una manta de agosto, pero me rendí.
Y esperaré un poco más mirando al cielo, como siempre, pero como nunca, a ver si alcanzo un calendario para tomarle unos días prestados.
Se los devolveré en octubre.
Palabrita.

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